Hay días que sumida en mi mundo interior infinitamente inmenso, activo emocionalmente una necesidad de no olvidar quién soy, partiendo de la base de que soy físicamente habitante de otro mundo respecto al que nací, a uno muy viejo y que cuya vejez a ratos le saca grietas. Y conscientemente cierro mis ojos con mucha presión y me voy en un viaje al pasado, prevalecen recuerdos de mi niñez agridulce, tan agrio como aquel accidente tonto que dejó mi brazo derecho marcado de por vida debido a mi amor por los árboles, abrazaba uno junto a la acera frente del cole desde mi asiento en el autobús escolar, y el bus arrancó dejando trocitos de mi brazo en aquel árbol. El drama de mi abuela paterna que ha pasado a la historia con su lamento eterno "Ay mi Biancucha" y otros tan dulces como las siestas sobre mi padre en una hamaca atada a dos árboles en el patio, quedaba sedada sobre el pecho de papi. Pero... Esos lugares ya no existen más, sólo en mi cabeza y mis recuerdos... Y me temo que esos recuerdos son sólo míos!!!
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